El impacto de nuestra concepción

Imaginaros que llegáis a casa, veis un cartel que dice “bienvenido”, os han preparado una fiesta y, antes de llamar a la puerta, os abren con una emoción de alegría, con ojos de amor y os dicen: “Estamos muy contentos y honrados de que nos hayas elegido para tu camino en la tierra. Entra, te amaremos y acompañaremos con las mejores intenciones. Esta es tu casa”.

Cuando hablamos de la vida del bebé antes de nacer o de prepararse a recibirle, solemos pensar en el periodo de la gestación, que es efectivamente un periodo fundamental en la construcción de la vida del ser humano. No obstante, hasta recientemente, no pensábamos en lo que representa la concepción desde punto de vista del futuro bebe, el inicio de la vida, el momento donde se forma la primera célula. El desarrollo de la psicología perinatal tanto como las investigaciones terapéuticas con adultos nos están proporcionando hoy en día mucha información al respeto. Estamos todos aprendiendo con mucha humildad la importancia de la vida prenatal e incluso antes de la concepción en la vida del ser humano. Aunque hemos hecho todos lo mejor con nuestros hijos, dadas las herramientas de las que disponíamos, podemos esperar que con estos nuevos conocimientos, los padres de hoy y del mañana ayudaran más todavía a sus bebes a entrar en la vida con alegría y confianza.

¿Cuál puede ser el impacto de la concepción en nuestra vida?

A nivel físico, la concepción es la “construcción de la primera célula”, y la formación del ADN que más tarde se repite en millones de otras células. Representa el núcleo a partir de cual nos desarrollamos como ser humano. Llegar al mundo en un acto de violencia o en un acto de amor y comunión durante el acto sexual, representa una enorme diferencia en el mensaje grabado en nuestro cuerpo. Se ha visto gente recordar un estado de sobredosis de alcohol o de droga en ese momento, que explicaba el estado de nebulosidad y las ganas de huir de la realidad de esas personas.
A nivel mental, la concepción representa “lo que deseo y como lo materializo”, en otras palabras, nuestra manera de concebir las cosas. Cada vez que concebimos un proyecto (hasta los más sencillos como “unas vacaciones, o que hacemos este fin de semana, etc.) se activa la historia de nuestro concepción: sentimos entusiasmo, amor, lucha, claridad, confusión, necesitamos a alguien que nos lleve de la mano (para no hacerlo solo)…
A nivel emocional, nos queda grabado cómo hemos vivido nuestra entrada en el mundo. Quizás, nuestros padres no querían otros niños, quizás esperaban una niña y soy un niño. O tal vez, las condiciones sociales eran muy difíciles y mi llegada estuvo rodeaba de miedo, de no poder asumir esa responsabilidad… Lo escenario idóneo sería que, antes de venir al mundo, los padres quieran y se abran a recibir el alma con amor y alegría. Pero la vida humana tiene sus desafíos, sus tormentas. Si no nos sentimos acogidos, por cualquier motivo, tendremos más dificultad a amarnos, a sentir que tenemos derecho a estar aquí, o el derecho a encontrar nuestra plaza en el mundo. Probablemente, incluso tengamos la impresión de no querer estar aquí. Muchas veces, un duelo no terminado en la familia, especialmente un aborto o la muerte de un niño, repercute con mucha fuerza. Es posible, que sintamos que tenemos que reemplazar un vació, o ser otro y que no tenemos derecho a ser quien en realidad somos. Podemos hasta sentirnos culpables. Muchas veces, estas sensaciones nos acompañan muy en el fondo de nosotros y no sabemos muy bien de donde vienen.

El nacimiento (deseo salir a la luz) tiene raíz en la concepción. Un niño deseado y amado con un vínculo fuerte antes de nacer, tendrá muchas más posibilidades de nacer fácilmente y de forma natural. Por el contrario, la ausencia de estos factores, favorece que no quiera salir, o salga de nalgas, o incluso salir de manera prematura porque se siente mal en el interior.

¿Me interesa saber esta información, si ya estoy embarazada o tengo hijos?

Si, porque todo es reversible. No se puede cambiar lo que ocurrió, pero se puede transformar la manera en como fue vivido y el impacto que pudo tener este momento en la vida futura. . Es fundamental saber que todos hemos hecho lo mejor que hemos podido en nuestra vida, con los herramientas que disponíamos, como lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos, etc. Hoy, los nuevos conocimientos, refuerzan nuestro
poder de madre y padre: podemos actuar con el futuro bebé o con nuestros niños anudándoles a liberarse de lo que no les sirve y a vivir con plenitud.

¿Cómo podemos influir como padres o futuros padres?

El primer paso es tener el coraje de reconocer lo que ha pasado. El siguiente paso es comunicarlo. Es importante hablar desde vuestro corazón, en un momento de conexión con él, a veces, el momento más adecuado es cuando está dormido en su cuna, porque su inconsciente está oyendo y recibiendo. Lo importante es:

  1. Reconocer lo que es, decir la verdad;
  2. Transmitir el mensaje, de que lo que ha pasado no tiene nada que ver él, con su persona;
  3. Nosotros como padres o futuros padres nos encargamos del problema, lo manejamos nosotros…“tú puedes relajarte que me encargo yo”. Finalmente, existen ayudas profesionales y técnicas suaves adaptadas para futuros bebes, recién nacidos y niños. Es importante saber que una liberación como padres, siempre se transmite a nuestros hijos.

Asimismo como adultos, tenemos la posibilidad de liberarnos, de transformarnos y de “re-concebirnos”,
gracias a numerosas terapias o técnicas, que nos permiten eliminar aquellas memorias que no nos sirven, y liberar así nuestra energía vital y la realidad de quienes somos.

El viaje del alma

El principio es el verbo, es el pensamiento, la intención, el deseo. La concepción comienza antes de la materialización física de nuestro cuerpo. Es el viaje de nuestra alma hacia el mundo de los hombres, con un propósito bien definido y que muchas veces hemos olvidado. Elegimos nuestra familia y sus circunstancias, y no por puro azar… nuestra alma sabe lo que ha venido a buscar y lo que quiere vivir para su evolución. Es importante saber esto para no caer en un role de víctima, de rabia o desgracia. Sin embargo, lo que “yo… fulanito” no quiero en mi vida, pueda ser lo que mi Ser interno necesita. Es tiempo de abrirnos a descubrir quienes somos en verdad y a reconocer que la vida es nuestro
regalo.

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